La conmemoración de los fieles difuntos es una celebración cristiana que se ha mantenido presente en nuestra cultura a pesar de la secularización. Es el único feriado laborable que no se traslada para el lunes porque la gente pidió que se mantuviera el 2 de Noviembre. De una manera u otra, en éste día casi todas las personas tienes presente de un modo especial a sus seres queridos difuntos.

Sin embargo la secularización ha atenuado el sentido cristiano de éste día. Muchos lo viven simplemente como un día de tristeza, sin que resuene en sus corazones el anuncio cristiano de la Resurrección. Otros han descuidado la oración en sus vidas y no saben cómo rezar por sus difuntos. No son pocos lo que no tienen idea de la importancia de ofrecer la Misa por los difuntos.

2 de Noviembre de 2016. Día inclemente como pocos. Viento, alerta meteorológica, amenaza de lluvia, campera gruesa a comienzos de noviembre. La fecha también tendía al gris, pues el Día de los Difuntos no llama a la alegría. Pero Iglesia Joven propuso evocar la esperanza, con una misión de chicos en los cementerios para dar consuelo a los deudos.

En total, participaron unos 50 jóvenes en cuatro camposantos de la ciudad: La Teja, Cerro, Norte y Buceo. Fueron convocados por los párrocos y las redes sociales, se inscribieron por internet y se presentaron en la parroquia asignada el 2 de noviembre a las nueve de la mañana. Tuvieron una pequeña instrucción, una oración de envío y allí se fueron, con un pequeño manual misionero en la mano, muchas estampitas y ganas de servir.

“Los saludábamos, les decíamos que somos de la Iglesia Católica y les preguntábamos a quién habían ido a visitar”, relató una de las misioneras. A partir de ahí, el diálogo comenzaba a fluir y la gente abría -en mayor o menor medida- su corazón. “Me pareció muy bueno poder venir a acompañar a muchas personas. La gente se ponía a llorar, uno se da cuenta de la cantidad de gente que sufre y muchas veces nos olvidamos de pensar en los demás”, comentó Regina Maggia, que frecuenta la Parroquia Virgen de los Treinta y Tres, que queda muy cerca del cementerio del Norte.

“Mucha gente piensa que después de la muerte ya está todo, que fallecer es lo peor que puede pasar. No ven lo que significa la gracia de estar con Dios. Intentamos ayudar en ese momento de tanto sufrimiento, ayudarlos a poder creer que hay una vida después”, agregó esta joven.

El camposanto del Norte es el que tuvo mayor presencia de misioneros, pues eran unos 20. Pocas personas les dijeron que no tenían interés en hablar con ellos. La mayoría, en cambio, accedió a conversar y todos rezaron. Los jóvenes tenían una estampitas con un salmo, una oración por los difuntos y otras plegarias básicas como el Padre Nuestro y el Avemaría. Además, anotaban en su cuadernillo los nombres de los muertos, para ofrecer la Misa por ellos. Las páginas se llenaron de letras.

 

Fuente: www.icm.org.uy

 

«Buenas,
Mi nombre es Tamara y tengo 24 años. Crecí en una familia de valores Cristianos y fui toda la vida a un colegio Católico. Sin embargo, por razones que no se explicar, hace ya un tiempo que me aleje de la fe. Hoy, 2 de Noviembre 2016, fui al cementerio del Buceo como hacemos siempre con mis abuelos a visitar a nuestros difuntos. Entre ellos mi mamá. Pero esta vez paso algo distinto. Cuando ya terminabamos el recorrido por los distintos panteones, se nos acerco un grupo de tres jovenes a ofrecer una oracion por los nuestros. En este dia tan tétrico de lluvia, frío y tormenta, más que la oracion y el gesto sentimos que nos habian mandado quien sabe de donde tres angelitos a decirnos que no estabamos solos.
Estamos eternamente agradecidos por haber compartido esa experiencia, y felices de ver gente tan joven, tan llena de vida, hacer algo tan lindo en un dia de estas caracteristicas y en especial a esa hora de la mañana. Bien podían haberse quedado durmiendo calentitos u otra cosa que no requiriera tal sacrificio.
Así que gracias, no se a quien, si a ellos, si a la fuerza del señor, no se, pero gracias.»

 

Tamara

«Buenos días,

Me llamo Teresa, soy una señora de 75 años. Perdí a mi madre de 96 el 17 de octubre, y este 2 de noviembre me crucé con un grupo de chicas en el Cementerio del Norte. Me dieron un librito, en el cual está el salmo 23, y ahora lo leo todos los días. Mi madre y yo vivíamos solas, y ahora no tengo consuelo. Gracias a Dios me encontré con ese grupo de chicas tan amorosas en la salida. Gracias.»

Teresa, pero me dicen Susana

 

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