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CARDENAL DANIEL STURLA

Card. Sturla a los jóvenes: «Tenemos que ir a todos los lugares»

By | CARDENAL DANIEL STURLA, EVENTOS | No Comments

El sábado 5 de mayo, en el marco de la Fiesta de san Felipe y Santiago celebrada en el predio de la Rural del Prado, se llevó adelante una nueva edición de la Previa con el Cardenal. En esta instancia los jóvenes de Montevideo dialogan con su arzobispo sobre una variedad de temas que van desde la misión hasta la actitud en la vida cotidiana.

Como es ya tradición el encuentro comenzó con la lectura y reflexión, por parte del cardenal Daniel Sturla, de un pasaje del Nuevo Testamento, más específicamente de los Hechos de los Apóstoles, sobre la predicación de san Pablo. Junto con el cardenal estuvieron los padres Juan Andrés Verde y Mathías Soiza, actual encargado de Iglesia Joven Montevideo. Compartimos con ustedes la reflexión bíblica que realizó el cardenal Daniel Sturla, así como las respuestas a las preguntas realizadas por los jóvenes.

Reflexión sobre la lectura del Hechos de los Apóstoles

Siempre me gusta pensar, y a lo largo de mi vida lo he pensado muchas veces, lo que sentiría Pablo y aquellos primeros apóstoles de Jesús cuando llegaban a una ciudad pagana, del imperio romano, donde todos estaban para otra cosa. Primero que nada había una cantidad de esclavos, también había gente rica y el Imperio Romano que dominaba. Estaban los ídolos y los templos de los dioses paganos, templos que a veces eran también casa de prostitución masculina y femenina, es decir, había un gran relajo moral.

La droga ya existía, no es un invento de ahora, ni que decir el alcoholismo. En esos ambientes muy complicados moralmente, muy de opresión también, muy de sinsentido para muchos, Pablo llegaba a predicar el Evangelio. ¿Qué era lo primero que hacía? Iba a los que estaban más cerca de Dios, a la sinagoga a predicarle a sus hermanos judíos que ese que estaban esperando, el Mesías, había llegado por fin y que su nombre era Jesús de Nazareth.

Y que este Jesús no solo era hombre, sino que también era Hijo de Dios. Y que este Jesús había muerto crucificado. Y tenían horror a la crucifixión, porque los romanos solían crucificar mucha gente y la ponían siempre a la vera del camino. En ese ambiente Pablo llega a las ciudades a anunciar a Cristo.

El apóstol no tenía miedo, o si lo tenía lo vencía. Porque el tema no es no tener miedo, sino ser capaces de enfrentarlo. Hoy en Montevideo hay mucho miedo, de hecho en lo que va del año ha muerto asesinada una cantidad de gente. Y uno puede decir tengo miedo, no salgo. Pero el tema es que aunque tenga miedo hay cosas que tengo que hacer. Pablo no sé si tenía o no tenía miedo, pero iba y anunciaba.

¿Y qué era lo que pasaba? Lo que dice acá; los judíos muchas veces lo rechazaban, otros aceptaban el mensaje y aceptaban a Jesús, se convertían y pasaban a ser cristianos. Y además, junto a las sinagogas, participando pero sin terminar de hacerse judíos porque con eso pasaban a hacerse parte de determinada raza, de determinado pueblo, de determinada nación, había un grupo que se llamaba los prosélitos. Eran gente venida del paganismo, griegos o romanos, que buscaban a Dios porque sabían que los ídolos no eran nada. Por eso Pablo anuncia que Cristo ha muerto por todos los hombres y que para todos es la salvación. Y que además no hay que hacerse de otra nación para ser cristiano, porque justamente Cristo vino para liberarnos y esta llamada es universal. Es decir, todos tenemos la misma dignidad y desde la realidad de cada uno todos estamos llamados a ser cristianos.

Ser armaba con esto un gran lío. Tan grande era que la lectura dice en un momento “esos que han revolucionado todo el mundo han venido también pretendiendo que hay otro rey llamado Jesús”. Ese es el punto, Pablo y sus compañeros cristianos llegaban a las ciudades paganas del Imperio Romano y revolucionaban todo. No por el hecho de hacer lío por hacer lío, sino por anunciar a Jesús. El anuncio de Jesús toca el corazón de las personas que se abren, movidas por el Espíritu Santo, y que si las toca de verdad les cambia la vida.

Imagínense lo que era cuando fue a Éfeso y estaba el gran templo de Artemisa, la diosa pagana, y allí son los fabricantes de las estatuillas de la diosa los que van a protestar porque se les acababa el negocio. Pero en realidad se acababan varios negocios cuando llegaba el Evangelio. Se acababa toda la oscuridad que suponía la prostitución, la esclavitud, el tratar al otro como una cosa. Todo eso cambiaba porque cambiaban los corazones y a mucha gente no lo podía bancar.

Y después Pablo llega a Atenas, y dice la lectura: “Mientras Pablo los esperaba en Atenas lo consumía su espíritu al contemplar la ciudad llena de ídolos”. Es decir, sentía que adentro se requemaba. ¿Por qué? Porque veía la perdición de la gente y sentía la necesidad que tenía de anunciar a Cristo y mientras esperaba se impacientaba.

Hoy entre los santos que el padre Guillermo presentó, en una predicación de la tarde, estaba san Francisco Javier, santo jesuita, de los primeros compañeros de Ignacio, lo llamaban el divino impaciente. Porque Francisco Javier sentía la fuerza de querer anunciar a Cristo y, como a Pablo, se le consumía el espíritu cuando veía esos pueblos donde el Evangelio no había llegado. Entonces quería convertir a todos y no le alcanzaba; llegó a la India, después a Japón y fundó comunidades allí. Pero su sueño era llegar a China y llega, donde después morirá. Era un lugar en aquella época, como ahora, donde el Señor era apenas conocido.

¿Qué pasa? Si nosotros queremos ser de verdad cristianos no podemos no ser apóstoles, no querer que otro conozcan a Cristo. ¿Por qué? Porque si de verdad somos cristianos, y Cristo ha tocado nuestra vida, sabemos que en Él encontramos aquello que buscamos y que buscan todos: ser felices.

Incluso los que andan en caminos terribles lo que buscan es ser felices, tratar de tapar sus vacíos, tratar de pasar por arriba de los grandes agujeros, lastimaduras y heridas que tienen en la vida.

¿Y entonces que hacemos?, ¿nos quedamos tranquilos? Decimos bueno, mi grupito de compañeros o compañeras, somos re cristianos, re buenos, re bien. Pero eso no es ser cristianos. Ser cristianos es nunca formar un gueto, nunca formar un encierro de gente buena; menos cuando nos lo creemos y pretendemos hacer un club de perfectitos entre nosotros, porque somos genios, bárbaros. Ahí terminamos en el peor de los pecados que es la soberbia. Porque es un pecado del espíritu; nosotros los cracks, los demás pobres perdidos.

Resulta que después descubrimos que tan cracks no somos porque dentro nuestro bullen deseos, envidias, celos, orgullo. El tema no es formar un grupito de gente perfecta, el tema es sentir en el corazón que Cristo, que ha tocado mi vida, que me perdona, que se acerca a mis heridas y las sana, que se acerca a mis debilidades y me fortalece, ese Cristo también salva, le da sentido a la vida, ilumina, fortalece y salva. También a los demás.

Ojalá nosotros sintamos que nuestro espíritu se conmueve frente a una realidad del Uruguay difícil. Voy a decir algo que se ha dicho poco y no es para salir asustados. Pero en este Uruguay se ha tirado gente a los chanchos. Fue algo que se dijo y no se le quiso dar mucha bolilla. Pero el otro día fui a la cárcel a visitar a un muchacho al que le habían matado al hijo, este muchacho está preso, y me recordó eso que yo lo había leído, dicho por el subsecretario del Ministerio del Interior.

Me dijo, “sí, acá está el que tiraba los cadáveres a los chanchos, porque el chancho roe hasta el hueso y lo único que queda es la dentadura”. Esto ha pasado acá. Pero por qué pasan estas cosas tan terribles. Porque el mal entra en una dinámica que no tiene fondo. ¿Cuál es el tema? Que el bien, la gracia de Dios, también puede entrar en una dinámica que llega a la santidad.

Por un lado tenemos la oscuridad, que es capaz de cualquier cosa, y por otro tenemos la luz que es capaz de grandes cosas. Ahí está nuestra vida y ojalá esté también el sentir fuerte, dentro nuestro, que hay que anunciar a Cristo, que hay que contagiar al otro. Tenemos que ser entonces cristianos inquietos, que nos dejemos conmover por esa ciudad llena de ídolos de la que hablaba Pablo.

Y tenemos que hacer lío, la expresión del papa Francisco; no es hacer relajo, es sí movernos. Y si eso lleva a alguna dificultad, a algún rechazo, alguna burla, banquémosla. Lo peor que hay es ser cristianos achicados, seamos cristianos contentos de serlo, y por lo tanto queremos anunciar al Señor Jesús. ¡¡¡Vamo’ arriba!!!

Preguntas de los jóvenes

¿Qué cosas concretas podemos hacer como jóvenes para ayudar en la Iglesia?

Primero que nada rezar, no hay nada más concreto que rezar. Segundo la Misa del domingo, es el piso no el techo. Si no voy a Misa el domingo estoy en el horno. El tema es que meche alguna Misa entre semana, no que vaya el domingo; eso se da por supuesto. Y tercero, cada joven cristiano está llamado a tener un apostolado. Es decir, una actividad, sea en los servicios de la misma parroquia o comunidad, sea en los movimientos, dar catequesis, preparar una misión, integrar un oratorio festivo. Un joven católico tiene que hacer algún apostolado. Misa, oración, apostolado después y obviamente el cumplimiento del deber que nos santifica, si soy estudiante estudiar, si soy laburante trabajar.

Hace algunas semanas salió el documento de los obispos sobre la fragmentación social, ¿por qué te parece que se creó tanta polémica en torno al documento?, ¿nos podrías explicar el documento?

El documento fue hecho por todos los obispos, obviamente con aportes del algún laico, laica y algún religioso que preparó parte de los borradores. Apunta a una realidad que me parece rompe los ojos en nuestra realidad uruguaya. Ustedes son más jóvenes, pero nosotros que tenemos algún año más sabemos que siempre hubo ricos y pobres, pero había una clase media muy integradora y en los barrios se convivía sin mayores violencias.

Yo iba al estadio de chico con mi familia. Nacional – Peñarol e íbamos todos juntos con mis hermanos, hermanas y mis padres al fútbol: era una fiesta popular. Hoy para llegar al estadio hay que pasar no sé cuantos controles, que no tengas radio, que no tengas pilas, que esto, que lo otro. Hay una realidad que se ha puesto más violenta desde el punto de vista social y además hay más extremos. Barrios privados y asentamientos.

¿Y esto qué? Esto crea situaciones dolorosas en el Uruguay. Entonces los obispos quisimos llamar la atención, porque en la medida que nos vamos separando la sociedad se va desintegrando. Y obviamente esto tiene consecuencias como la de los asesinatos que hemos visto en este tiempo.

¿Por qué se suscitó la polémica? Bueno, porque cuando los obispos dicen una palabra hay a algunos que no les gusta. Yo creo que hubo un error de perspectiva de quien mandó ese whatsapp, pero es una persona que yo conozco, considero y quiero, es un cristiano. Pero bueno, me parece que le erró, no porque haya criticado el documento sino porque hizo una crítica por un titular de un noticiero, sin haber leído el documento. Y eso después se filtró y fue una lástima. Lo que tuvo de bueno es que muchísima gente leyó el documento porque hubo polémica. Entonces bienvenida la polémica.

¿Cómo puedo ser una católica coherente cuando salgo a bailar de noche?

Yo la pregunta se la devuelvo a ustedes. Y obviamente que la respuesta la tienen más ustedes que yo. Yo le que sí muchas veces he tratado de trasmitirle a los chicos, sobre todo siendo director del Juan XXIII, es que no necesitan emborracharse para divertirse. Y además sabemos que el tomar alcohol baja la censura, que todos tenemos gracias a Dios, y entonces nos lleva a decir “ah, entonces así me divierto más”. Entonces el alcohol para divertirse, y ni decir si se trata de otra sustancia, nos hace resbalar.

Yo creo que podemos pasar muy bien, divertirnos, bailar, pero hay algunos cuidados a tener. Un primer cuidado es ese; si ya voy alegrón o alegrona es más fácil que me bajen las defensas naturales. Y después otras cosas ustedes las saben mejor que yo; sobre todo las chicas deben saber mucho y si no saben le preguntan a las mamás.

¿Qué te ha comentado el Papa sobre la situación de la Iglesia en Uruguay?

El Papa es un rioplatense. Vieron que eso de rioplatense nos sirve a nosotros o a los argentinos cuando queremos decir algo que nos unifica. El Papa aprecia mucho a la Iglesia uruguaya. Hace poco estuvo una chica alemana de una asociación que se llama Adveniat, que ayuda a la Iglesia en América Latina hace muchos años, y nos recordó algo que nos había dicho otra vez: el Papa le dijo a la gente de Adveniat ayuden a la Iglesia uruguaya.

¿Por qué el Papa les recomendó esto? Porque sabe que somos una Iglesia pobre. Uno puede decir “¿pobre la Iglesia?” Sí. ¿Saben cuánto le damos, desde la curia, a los curas que están en las parroquias populares? $ 6000 por mes. Nosotros queremos, por ejemplo, arreglar algunas Iglesias; no podemos, algunas Iglesias en su tamaño nos sobrepasan.

El papa Francisco nos quiere, simpatiza con nosotros, sabe que el estilo nuestro es sencillo, de mucha cercanía, es una característica uruguaya, que como toda característica puede tener sus pros y sus contras. Además el trato con el cura aquí es muy llano, el sacerdote no manda por el hecho de serlo, sino que se tiene que ganar el respeto y el cariño por su vida, por su testimonio y eso es algo muy bueno.

Entonces cuando he tenido encuentros con el Papa cara a cara, lo he sentido muy cercano, muy padre, muy amigo.

¿Cómo tomó tu familia que quisieras hacerte cura?

Creo que en este mismo encuentro, en otra ocasión, yo he contado la historia de mi vocación. No lo voy a volver a hacer. Mi familia fue un poco especial, porque en la adolescencia nosotros perdimos a nuestros padres con poca diferencia de tiempo. Yo soy el menor de 5 hermanos muy seguidos, y cuando yo tenía 13 años y el mayor 19, falleció mi padre. Tres años después falleció mi madre. El planteo vocacional lo recibí a los 17 años, pero durante 2 años estuve peleando con el planteo; que no, que sí.

Cuando finalmente me decidí a entrar en el noviciado salesiano no tenía a mis padres, pero con mis hermanos éramos como un equipo muy unido. Mi hermano mayor era mi tutor y mi familia me apoyó. No se alegraron pero mis hermanos me apoyaron. Teníamos unos tíos y tías, que tampoco ninguno se alegró, pero me apoyaron, me respaldaron, me acompañaron siempre y ha sido un regalo de Dios.

En general en las familias uruguayas, salvo excepciones, no suele ser una alegría que el hijo “se meta de cura” o la hija “se meta de monja”. Pero en la medida que se avanza en la vocación, lo sé por mi propia experiencia y la de mucha otra gente, la familia va descubriendo la alegría que es tener un hijo cura. Y llegan a descubrir que es una bendición de Dios muy grande.

¿Hacia dónde debe salir la Iglesia?, ¿en qué sitios estamos llamados a misionar principalmente?

Lo decía en la Misa, nosotros como Iglesia en Uruguay y en Montevideo, tenemos que jugar en todas las ligas. No se trata de decir “vamos a ir a los barrios más pobres”, hay que estar ahí y la Iglesia está… ¿y la familia?, ¿y la universidad?, ¿y el ámbito político?, ¿y los medios de comunicación?, ¿y el carnaval? Está el Grupo Texas que es un grupo de teatro de ex alumnos salesianos, que tiene una rama dentro de este grupo que se llama Aristophanes y que han hecho parodias, entre otros, de santos. Han llevado el Evangelio al carnaval, al Teatro de Verano y a los tablados.

No tenemos que tratar de ir a un lugar… tenemos que ir a todos. Acá hay algún joven que milita en la política. La política por ejemplo, no es fácil ese terreno. Pero no puedo decir “yo no me voy a meter porque…”. Si no me meto, como se lo dije a algún joven que dudaba entrar en política, otro va a ocupar ese lugar en el que Cristo quiere que estés. Entonces hay que jugar en todas las canchas, en Montevideo tenemos el deber de estar y hacer más presente a Cristo en los barrios más populares de nuestra ciudad. Porque ahí está más ausente, a diferencia de otros países de América donde en los barrios populares hay un sentido de fe mucho mayor que aquí.

¿Cómo puedo aprender a mirar a las personas que no tolero con los ojos misericordiosos de Jesús?

Eso es lo que yo quisiera (risas). Yo soy una persona pasional y eso significa que cuando me apasiono, o encuentro la contradicción, me embronco. Entonces, en primer lugar me tengo que confesar. Hoy de mañana, por ejemplo, me confesé. El tema es cómo nosotros, en la oración, podemos manifestarle a Jesús esa bronca, el nombre de esa persona con la que tuve un problema. Y hay que pasar por el corazón de Jesús esas broncas, esas impaciencias que podemos tener con alguien y tratar de dejarlas ahí.

Yo tengo una capilla en mi casa, ese es el gran beneficio de los curas. Pero primero, que lo podemos hacer sin capilla y segundo que cerca de nuestra casa siempre hay un templo o una Iglesia. Hay que ir frente al sagrario y poner ante Jesús esos nombres que nos sacan la paciencia.

Comentario del libro «Desde la matriz»

En el título la palabra matriz está con minúscula porque se refiere a la matriz, al útero, desde la entrañas de lo que es hoy el Uruguay la Iglesia ha estado presente. Fíjense que en el 2030, todavía nos faltan unos años, se va a celebrar el Bicentenario de Uruguay como estado. Bueno, hace 400 años la Iglesia fundó en este país las primeras poblaciones. Hace 400 años llegaron curas que en la desembocadura del Río Negro hicieron las primeras reducciones de indios. Y allá en el norte, aunque ya no sea más la Banda Oriental porque Brasil ocupó, estaban los 7 pueblos misioneros jesuíticos.

Tomo una cosa a modo de ejemplo. Nosotros tomamos mate, pero el mate como tal, como lo conocemos, como la rueda, como la bombilla, como algo popular y de todos, es de los jesuitas de las misiones guaraníticas. La yerba se masticaba, no se cultivaba; los guaraníes no sabían cultivar la yerba mate. Eso es parte de nuestra identidad cultural, de nuestro sentido de igualdad, de nuestro formar rueda. Y así podríamos seguir con tantísimos ejemplos.

Si Artigas tuvo ese sentido popular, democrático, el reparto de tierras, etcétera, hay que mirar lo que fue la educación cristiana y franciscana que recibió. Y sus abuelos y sus padres eran terciarios franciscanos, y mucho de la vivencia del artiguismo tiene que ver con el franciscanismo de Artigas.

A veces a la Iglesia le dicen “¿qué se cree?”; a ver, somos forjadores de este Uruguay. No somos los únicos, claro que no, pero no nos ninguneen, no nos traten como que hubiéramos llegado ayer al Uruguay. Estamos desde la matriz. Ojalá que este libro no se quede solo en el círculo de los católicos, sino que pueda salir y trascender.

Yo voy de misión una vez por año con mi comunidad, ¿podrías explicar que significa ser misionero permanentemente?

Hay como una actitud de vida de alguien que es misionero, que es como decir soy apóstol. Es sentir en el corazón eso que decían los Hechos de los Apóstoles sobre Pablo: “se consumía su espíritu viendo la ciudad llena de ídolos”. Entonces se trata de que sienta, experimente y le pida ese don al Espíritu Santo, que tengo que transmitir a los otros el gozo de ser cristiano, la alegría de haber descubierto a Cristo. Y que eso lo piense y no solamente quede en una palabrita que diga, que está bien, sino que también piense con otros como poder acercar a estos amigos a Cristo.

¿Cómo hacer para que aquel primo, aquella prima, el compañero de trabajo o de estudio, descubra a Cristo? Hay grupos hoy que tienen esta fuerza apostólica y tenemos que aprender. Miren los evangélicos… a veces nosotros criticamos. Miren, una vez cuando todavía era cura, no era obispo, estaba esperando para visitar a una persona en el COMCAR, estaba de cuellito. Se me acercó un hombre y me dijo “padre, yo soy evangélico”. Y entonces me contó que él había estado preso y que en la cárcel fue evangelizado, y a partir de ahí seguía visitando presos para anunciarles el Evangelio.

Ser misionero es siempre tener a Dios en el corazón, el deseo de transparentar a Cristo, hablar de Cristo, manifestar a Cristo, testimoniar a Cristo convencido que es lo más grande que tenemos y que una persona puede tener y vivir.

LA PREVIA CON EL CARDENAL

By | ANIMACIÓN Y RECREACIÓN, CARDENAL DANIEL STURLA | No Comments

El pasado 6 de mayo, como cierre de la Fiesta de san Felipe y Santiago, se realizó la segunda edición de la “Previa con el Cardenal”. Es un espacio de encuentro y diálogo entre el Arzobispo de Montevideo, el Cardenal Daniel Sturla, y los jóvenes católicos. Se dividió en dos momentos; una catequesis en base a un texto bíblico y un espacio para la preguntas de los jóvenes. ICM comparte con ustedes este momento que ya se convirtió en un clásico de la fiesta arquidiocesana.

“Si no anunciamos a Cristo no somos cristianos”

Queridos chicos, esta palabra de Dios nos pone en una situación especial, porque es Jesús el que se despide de sus apóstoles pero les deja un mandato clarísimo: “Yo he recibido todo poder en el Cielo y en la tierra, vayan entonces y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos.” Es decir, Jesús a los que eran sus discípulos los envía. Y la palabra apóstol, en griego, significa enviado. Todo aquel que se sienta o sea cristiano, todo aquel que quiera vivir como cristiano, todo aquel que es discípulo, seguidor de Jesús, si lo es de verdad es también un apóstol, un enviado de Jesús. ¿Enviado a qué? A anunciar al mismo Jesucristo.

En el libro de los Hechos de los Apóstoles, que es el libro que narra la misión de los primeros cristianos, hay una palabra clave que de algún modo expresa como hay que ir. Y esa palabra que al Papa Francisco le gusta mucho es, en griego, parresía. Parresía tiene una cantidad de significados, quiere decir hablar con audacia, con coraje, sin medio, con libertad.

El Papa nos dice hoy a los cristianos: salgan, vayan, anuncien, no se queden encerrados. Prefiero una Iglesia accidentada porque sale a una Iglesia enferma porque se encierra. No hace otra cosa que cumplir el mandato de Jesús; vayan , anuncien, sean testigos. La mayoría de ustedes creo que ya son confirmados, quizás otros se estarán por confirmar. Y cuando se confirman el obispo les dice: “¿Que vienen a pedir a la Iglesia de Dios?”.

Y la respuesta es el Espíritu Santo. Y el Espíritu Santo qué nos dará. El Espíritu Santo, en primer lugar, nos alegrará. En segundo lugar, nos iluminará con la luz de la fe. Tercero, nos encenderá con el fuego del amor. Cuarto, nos confirmará para ser testigos de Jesús. En la confirmación el Espíritu Santo lo recibimos para ser testigos de Jesús.

Y un testigo es alguien que ve algo y después lo testifica, lo anuncia. Si no lo anunciamos no somos cristianos. ¿Y qué es lo que pasa? En la realidad cultural uruguaya, en nuestra realidad como país, por un lado hay una necesidad tremenda de Dios y, por otro lado, hay una cultura global que nos acepta siempre y cuando no les anunciemos a Cristo directamente.

“Los que tenemos que sacarnos el balde somos nosotros”

Porque que otros rechacen el Evangelio no tiene que preocuparnos; siempre ha pasado. Y ojo, cuando nadie nos rechaza, ahí sí habría que preocuparse; ¿qué pasa que nadie nos rechaza? El tema no es que de afuera de la Iglesia, de afuera de los cristianos nos rechacen por anunciar a Jesucristo. No es que yo me alegre porque nos rechacen, porque la idea es llegar y llegar a todos, pero eso es parte del camino de Jesús. Tampoco voy a ser cristiano si a los 20, 25 o 30 años nunca sufrí algo por Jesús. No existe un cristiano que no haya sufrido algo por Jesús. No existe.

Que si nunca me tomaron por nabo, si nunca me dijeron algo o me ridiculizaron por ser cristiano, en esta cultura, quiere decir que nunca he dado testimonio firme de la fe cristiana. Entonces, el tema no son los de afuera, bendito sea Dios. A ellos queremos llegar, pero no dándoles un palo ni criticando, queremos llegar con la mano tendida, queremos llegar con la alegría del Evangelio, queremos llegar con todas las maneras habidas y por haber, porque sabemos que necesitan a Cristo y Cristo es la Salvación.

Los que nos tenemos que sacar el balde, queridos amigos y amigas, somos nosotros. Qué quiere decir eso: que tenemos que darnos cuenta que si nos quedamos solamente en ser solidarios, en dar una mano, aunque es importantísimo, no estamos haciendo bien las cosas. Es importante que descubramos el mandato de Jesús: vayan, anuncien y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos bautizándolos en el nombre del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo le he mandado.”

Ser católicos en serio

El final de san Marcos dice “vayan y anuncien el Evangelio a toda la creación.” Hay que tener a Jesús en los labios, hay que decirlo, hay que proclamarlo, hay que anunciarlo. Obviamente no se trata de ser unos fanáticos locos, que están ahí todo el día … no. Lo que no podemos hacer es callar, esconder, tener un catolicismo vergonzante, que nos de vergüencita decirnos católicos.

Hace poco me pasó que en una charla a los curas de Montevideo les cité una carta que había aparecido en Búsqueda a raíz del Día de las Mujer. Una carta muy buena de un joven. La cuestión es que este muchacho terminó yendo a almorzar a casa un día. Entonces me hizo una historia muy linda. Me contó que en un momento haciendo bachillerato, con un grupo de amigos que se había hecho y que algunos de ellos no eran católicos, un día le dijeron: “che, que bueno, vos sos católico… pero no sos católico en serio”.

Y él se quedó muy mal con eso que le dijeron que no era católico en serio. Entonces, eso lo cuestionó, porque el era un católico que en serio quería vivir la fe. Lo que pasa es que se había un poco diluido, así interpreté yo, en medio de sus compañeros. Entonces él se propuso después, no solamente ser interiormente un católico en serio, sino manifestarlo, vivirlo y decirlo. Y de eso se trata.

¿Cuál es el peligro? Que vivamos un cristianismo en el que la parte que aparece afuera sea solamente lo solidario, pero a Dios lo vivamos acá adentro. Ese es el triunfo del laicismo. El laicismo que nos dice, Dios es para la conciencia interior, no hay que manifestarlo. En cambio nosotros queremos vivir un cristianismo que dé esperanza y un cristianismo que da esperanza es un cristianismo que se manifiesta.

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“Dios es lo primero”

Y por eso yo voy a decir dos cosas que me parecen fundamentales. Uno, para un cristiano Dios es lo primero. Y si Dios no es lo primero, aquello que ponemos en primer lugar se transforma en dios. El otro día una señora fue a casa y me dio una catequesis. Una señora veterana católica fue hablar conmigo para presentarse porque está como encarga de un movimiento.

En un momento me dice que su nieto, que además tiene cierta dificultad, le dijo un día: “Abuela, ¿vos querés más a Dios o a mí?”. ¿Vaya pregunta, no? Entonces ella le dijo: mirá, yo quiero primero a Dios, pero porque quiero primero a Dios, también te quiero primero a ti. Esa es la respuesta más cristiana y catequítica que he escuchado últimamente. Porque el amor a Dios lo que hace es, primero, ordenar la estantería pero ensanchar el corazón; porque el Espíritu Santo es el gran dilatador del corazón. No temamos poner primero a Dios, que es el único lugar que le corresponde. Ahí se nos ensancha el corazón, y podemos tener como esta señora primero a su nieto.

Y acá hay una clave. Antes se usaba una palabra que hoy no la usamos, pero yo sé que hoy muchísimos jóvenes la están viviendo: la piedad. ¿Qué es la piedad? La piedad es ese amor entrañable que uno puede sentir por el padre, por la madre, por el abuelo, por la abuela. La piedad es el amor a Dios manifestado en ternura, en devoción, en estar de rodillas frente al Santísimo, en agarrar el Rosario y rezarlo.

Es eso que hace que hoy los jóvenes hayan redescubierto la Adoración Eucarística. Es eso que hace que cantemos cantos tan bonito como los que hoy hemos escuchado, que nos ponen en sintonía con Dios. Si tenemos primero a Dios, la piedad es un elemento fundamental. Hoy, yo soy salesiano, es el día de santo Domingo Savio. Es una maravilla, yo siempre lo llevo conmigo desde el momento en que me nombraron Arzobispo. Pero Domingo Savio es un testimonio fantástico de 15 años de piedad.

Lo otro, es la alegría de ser lo que somos. Como dice Juan Andrés (Verde) somos unos patos criollos: somos pecadores claro que sí. Pero somos cristianos católicos y tenemos que estar contentos de ser lo que somos; no tenemos de que avergonzarnos.

Por último, estoy llamado a comprometerme a ir dar de comer de noche, a ir al oratorio el fin de semana, a dar catequesis, a integrar grupos que dan distintos servicios sociales; sí, por favor. Ojalá que todos los jóvenes tengan un compromiso, pero no un compromiso de decir que crack que soy, que voy de noche, hago la olla y después salgo a repartir. Que crack que soy que tengo campamentos de verano con los niños más pobres. No. Que nuestro compromiso sea un compromiso agradecido, o mejor dicho, una respuesta agradecida a un Dios que me ama.

Y ahí sí me voy haciendo cada vez más cristiano. Porque ser cristiano no significa un esfuerzo descomunal que hago; ser cristiano es una regalo, es un don. Es lo más lindo que me puede haber pasado en la vida. Como respuesta a ese don es que también yo lo comparto, en el anuncio de Cristo y en el servicio a los que más necesitan.

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Luego de la catequesis se abrió un espacio para las preguntas de los jóvenes

¿Qué decirle a las personas que sufrieron mucho, y se revelaron contra Dios?, ¿cómo acercarlos?

Yo creo que más que decirle, uno debe acompañar. La verdad es que frente al dolor lo más importante es estar, acompañar, saber que cuentan con nosotros, eso es clave. Obviamente que después puede venir un segundo paso que es tratar de iluminar. Y no hay nada que ilumine más que el dolor en clave cristiana, que es saber que Cristo sufrió y que comprende el dolor humano, porque en Cristo verdadero Dios y verdadero hombre, Dios ha sufrido. Y ha sufrido físicamente, moralmente, espiritualmente; Cristo llegó a sufrir a tal punto que en la cruz grita, que era parte de un salmo y por ahí tratamos de explicarlo, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Yo creo que el Señor Jesús quiso sufrir hasta el punto de sentir la noche oscura, cuando decimos “¿dónde está Dios?”.

Creo que hay que ayudar a arrimar a la persona que sufre, a que se sienta comprendida por un Dios que conoce su sufrimiento. ¿cuál es la diferencia entre un cristiano que sufre y alguien que no tiene fe y sufre? Que el sufrimiento, el cristiano está llamado a cargarlo de amor y entonces termina siendo un fruto dulce. En cambio el no creyente muchas veces carga el sufrimiento de amargura, de desesperanza; y termina siendo un fruto amargo, sin sentido. Yo creo que ayudar a otros a recorrer este camino de cargar de amor el sufrimiento, al final termina en esa dulzura que es un don del Espíritu Santo en la vida. Pero primero que nada es estar, como un soldado, al lado del que sufre.

¿Cómo se puede salir y divertirse sin pecar; ser un joven normal?

Me parece buenísima esta pregunta. O sea, hay una cosa que me rompe, y al haber sido director de un colegio con muchos adolescente, el Juan XXIII, el gran tema es por qué hoy los adolescentes para divertirse tienen que tomar alcohol. Ahí hay una cuestión muy complicada porque el alcohol baja la censura, las inhibiciones. El alcohol, tomar un poco está bien, pero… ¿por qué pasarse? Cristianamente yo puedo divertirme mucho sanamente, pero para eso tengo que tener una virtud que es muy difícil, siempre lo ha sido pero tal vez hoy es un poquito más complicado, el dominio de sí mismo. Antiguamente se llamaba la templanza. Es una virtud que viene de los griegos, no la inventaron los cristianos. La templanza, ¿qué es? Es que yo soy dueño de mí mismo, por lo tanto soy libre. Porque cuando tomo alcohol, y ni que decir en el tema drogas, ni cuando me dejo invadir por todos los sentidos, ahí pierdo libertad.

Es como hoy con el tema pornografía, sobre todo a través de los celulares. A la que se puede llegar inmediatamente y basta un click para acceder. Eso es un resbaladero. Porque así se alimenta una industria diabólica. Porque una cosa es que naturalmente se pueda tener una tentación en el ámbito sexual, eso es lo más natural. A parte, no tiene porque ser una tentación, puede ser el hecho que se sientan atraídos por una chica o un chico. Pero la pornografía es una industria diabólica, de utilización del otro, de transformar en cosas a las personas, de alimentar que algunos explotan una realidad humana que es la realidad más hermosa. Porque el demonio precisamente se mete en lo más hermoso, y no debe haber nada más hermoso que un amor lindo. De hecho hay una advocación de la Virgen que se llama Madre del amor hermoso. El amor humano, el amor de un hombre y una mujer que se quieren, que cosa más linda. Los novios cuando se aman es divino, y después esposos y manifestarse ese amor. Obviamente como esposos también sexualmente, que cuestión hermosa. Ahí mete el demonio la cola verdad. Y entonces es ahí, en la cosa más linda, el demonio la hace jorobada. Entonces divertirse sanamente, ojalá también divertirse entre cristianos que saben ponerse límites, vivir con un dominio de sí que es propio de cristianos y es lo que nos hace más libres.

Como católicos, ¿qué actitud tenemos que tomar cuando vemos a alguno de los nuestros actuar con arrogancia, soberbia, superioridad e hipocresía?

No sé quién hizo esta pregunta, pero siempre hay detrás la imagen de alguien que uno tiene (risas). Los pecados capitales, que alguna película que tiene ya muchos años los hizo famosos de vuelta, que son soberbia, ira, envidia, lujuria, gula, pereza y avaricia, son como siete diablillos que los tenemos todos los seres humanos. Están ahí o son como el mal espíritu que nos viene. La soberbia, obviamente, es el peor, porque es el peor pecado, el del ángel caído que quiso ser como Dios. Y la soberbia está atrás del pecado de Adán y Eva; quisieron ser como dioses. Pero atención: antes de pensar en el otro pensar cuando yo mismo soy soberbio.

El ejemplo de humildad más grande que tenemos, además del Hijo de Dios por supuesto, que se hace hombre y se abaja, es el de la Santísima Virgen. Entonces no sé que haría con alguien que evidentemente tiene ese defecto. Primero que nada rezaría por él, lo encomendaría a la Santísima Virgen. Y después, para el pecado propio de soberbia yo no encuentro nada mejor que reírme de mí mismo. Cuando me viene de repente el que me la creo, me mato de la risa de mí mismo y bajo, rápidamente aterrizo. Así que les deseo eso a ustedes y de repente le viene bien a esa figura, o esa persona. O tratar de ayudarle a esa persona a que se tome el pelo a sí mismo, que es una cosa fantástica.

¿Cómo viviste tu vocación de sacerdote?, ¿qué le dirías a un joven que se cuestiona la vocación?

No voy a contar mi vocación porque ya lo hice muchas veces. Todas las experiencias son distintas, pero yo lo que le diría a un joven en primer lugar es que vale la pena seguir a Cristo. Dos, una cosa que también tiene que ver con mi vida, de repente en un momento me dije “tengo que ser cura”. Me parecía que Dios me llamaba, “yo tengo que ser cura”, bárbaro. Pero no alcanza “tener que”, yo creo que el Señor da señales en determinado momento, uno siente que ese es su lugar en el mundo, digamos así. Y que esté confiado en que Dios le va a indicar, le va a dar la posibilidad de saborearlo. Hay una expresión que a mí me encanta, que es de un Padre de la Iglesia, que dice: “Tu voluntad es mi alegría”. Es decir, lo que es voluntad de Dios para mí es realmente lo que me va a hacer feliz. A mí no me gusta mucho la expresión feliz, prefiero usar la expresión pleno. Entonces a un muchacho o una muchacha que se plantean la vocación les diría, que más allá del tengo, llegará un momento en el que descubrís que ese es tu lugar. Y segundo, tener la certeza que si es la voluntad de Dios esa es la plenitud de tu vida, vas a vivir una vida muy plena y feliz. También afectivamente feliz, aunque no tengas esposo y esposa, o hijos o hijas.

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¿Han analizado por qué hay tan pocas vocaciones sacerdotales?

Yo me hice muy amigo del Gran Rabino que ahora se fue a Israel. El Gran Rabino por supuesto casado y con hijos, me invitó a su casa y estuve con su familia en un Sabbat. Y él me decía: “no hay rabinos uruguayos”. O sea, que el problema no es solamente falta de curas. ¿Qué pasa? Y ahí volvemos al tema del laicismo uruguayo. Yo creo que más allá de cantidad de problemáticas y cosas, nuestra cultura es tan laica que hace muy difícil que una vocación arraigue, eche raíces. Siempre la estamos pensando y pensando, y buscando y dando vuelta, nos falta más el arrojo y la confianza de la fe. Oyeron el último canto que decía el poder del nombre de Jesús. Que decía Jesús en el Evangelio que leímos “Yo he recibido poder en el Cielo y en la tierra.” Lo que voy a decir es medio bruto, sáquenle la raíz cuadrado: a los cristianos uruguayos nos cuesta creer en el poder de Dios, que Dios en verdad actúa en mi vida.

Damos tanta vuelta, somos tan racionalistas en el mal sentido del término, que no creemos que Dios actúe. No creemos que la oración es un encuentro con Dios que realmente transforma. Y entonces si no hay una base de fe fuerte es muy difícil sostener una vocación religiosa. Fíjense que hay un salmo que a mí me encanta que tiene esta expresión: “sea el señor tu deleite y Él te dará lo que pide tu corazón”. Yo eso lo he experimentado, cuanto más cerca de Dios estoy más experimento la plenitud de saberme amado por Él. Pero no es tan fácil de creer en un uruguayo. Entonces un chico o una chica les cuesta saberse, sentirse, creer en el amor de Dios. Y eso hace difícil la vocación, y ojo acá tenemos un muchacho que es diácono y pronto será sacerdote. Acá hay otros seminaristas uruguayos, hay también algunas hermanas, no sé si hay chicas uruguayas que tienen el planteo vocacional. Yo creo, ¿es difícil? sí, ¿vale la pena? muchísimo. Hay que largarse al agua, no hay que quedarse tanto me pregunto que al final no sigo adelante. Creo que eso le pasa a muchos y además hay una dificultad en el Uruguay, que aún en familias católicas, ni que decir en las no católicas salvo excepciones que también las hay, si el hijo dice me meto de cura, o aún peor, si la hija dice me meto de monja, la respuesta es “Que horrible, me muero”. Yo con todo creo que en la medida que haya más Adoración Eucarística, más Rosario, más espíritu de servicio, van a surgir vocaciones. Y esa es la prueba de fecundidad de una Iglesia; si una Iglesia no es capaz de engendrar vocaciones sacerdotales y religiosas esa Iglesia estéril esta más lejos de Cristo, más allá de las cosas que hagamos. Perdonen, fui medio duro, ¿no?. Que bueno.

¿Qué está haciendo la Iglesia con el problema de la pedofilia?

Ojo chicos que este es un tema sumamente delicado. Entonces todas las dudas que tengan, y si no soy claro, levanten la mano y pregunten. Que quiero decir con lo que dije; que es un problema humano. Es decir, es un problema que afecta muchísimo en las familias. Una de mis hermanas, que trabaja en un juzgado de familia, me dijo “Daniel, es impresionante la cantidad de denuncias de abusos que hay y la mayoría son en las familias”. Lo que quiero decir es que es un problema humano lamentable, que en muchos lugares se da y no sólo en niveles de pobreza. Obviamente, si toda una familia vive en un cuartito es diferente a tener cada uno su lugar. Si en esa familia no hay educación es distinto. Pero en todos los niveles sociales pasan estas cosas dolorosas, o sea, que es un drama humano. Que pase también en Iglesia es absolutamente lamentable y ya lo he dicho, no tendría que haber pasado nunca jamás. Que la Iglesia actuó mal muchas veces también, porque no había una conciencia clara del problema. Y entonces un cura cometía un hecho de ese tipo y se lo trasladaba, y se le hablaba, y se lo ayudaba espiritualmente. Pero no basta una ayuda espiritual, se necesita un atención psiquiátrica. Y por supuesto esa persona tiene que quedar alejada para siempre del trato con menores. Hoy la Iglesia, hace al menos 10 años, sabe perfectamente cómo actuar en estos casos. Si hay un hecho actual, si está sucediendo en este momento, la Iglesia a esa persona le hace la denuncia policial. Si es un hecho que pasó hace tiempo, la Iglesia le dice a la familia que si quiere hacer la denuncia que la haga. Muchas veces es la propia familia la que no quiere hacer la denuncia por infinidad de motivos. Básicamente es esto, pero si hay alguna otra pregunta háganla.

¿Qué consejo nos podrías dar a los jóvenes catequistas que tenemos que guiar a otros jóvenes?

Primero es el amor a Jesús, que amen a Jesús. Yo lo quiero con toda el alma. Y no lo quiero ahora porque soy cura, yo creo que de toda la vida lo quise mucho. Desde los 15 años, creo que lo he contado, gracias a una chica. Estábamos en el grupo de castores y me dijo,”¿vos leíste el Evangelio alguna vez?”, y yo le dije “sí, claro” con toda la soberbia. “No, no, no. Si leíste el Evangelio, Mateo, Marcos, Lucas, Juan.” “No” fue mi respuesta, a lo que ella replicó, “entonces no sabés nada de Jesús”.

Me compré una Biblia y leí los Evangelios. Cosa que hoy yo sé que los jóvenes leen menos, pero por lo menos un Evangelio hay que leer de corrido. Sino no saben nada de Jesús (risas). Entonces a un catequista le diría, amor por Jesús y lee los Evangelios; porque te vas a encontrar con Él. Segundo, que vale para todos. Escuchen: ir a Misa el domingo es el piso de la vida cristiana, no es el techo. Si no van a Misa el domingo no sean catequistas. Muy fácil. O vayan a Misa; mejor todavía.

El otro día me pasó en una confirmación, que una señor que se confirmaba me presenta a su madre, que era mayor. Y su madre me dice, “yo estoy contenta porque ella se ha confirmado, pero no estoy contenta porque ella no va a Misa.” “Eh, ¿cómo no vas a Misa?” le pregunto. “Y además es catequista” me dice la madre. Y cuando me dice eso, ella misma me dice “lo que pasa que me da pereza”. Pero catequistas, el piso, de ahí para arriba. Y en el piso está; voy a Misa los domingo, amo a Jesús, leo el Evangelio. Y luego habrá muchas cosas más, pero por ahora vamos a quedarnos con las básicas.

¿Cómo llevamos a Jesús a los demás?

Como dice un misionero salesiano que está en Angola: “Sonreír y para adelante”. Si uno va allá, y pone cara de malo, ya lo tildan de troglodita, inquisidor o no sé qué. Entonces tratar de ir con una sonrisa, tratar de ir por la simpatía. Argumentos hay cantidad y libros con argumentos hay muchísimos, pero ante todo tratar de sonreír.

 

Fuente: icm.org.uy